Probando el auténtico sabor Bula

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Imagen de la zona de reserva del local.

La semana pasada mi amigo Jorge me llevó de tapas. Estaba convencido de que era uno de los mejores sitios de Zaragoza para tomar una copa y una tapa de calidad. Yo soy buena catadora pero reconozco que me falta mucho por averiguar sobre los rincones de esta ciudad. Así que no me lo pensé, y fuimos al lugar.

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Imágenes de la entrada principal del local.

Se llama Bula tapas, situado en Calle Lacarra de Miguel, y es uno de esos lugares que pueden pasar desapercibidos por su tamaño pero que sin duda, se ha hecho un hueco. ¿La razón? Tapas exquisitas de diseño. Decidimos ir a una hora prudente para poder tomarnos una copa y después, comenzar con las tapas. Tuvimos la suerte de encontrar un espacio para nosotros, y fue en ese momento donde pude observar a nuestro alrededor todo lo que nos ofrecía. Se trata de un espacio dividido en dos zonas: la de reservas, donde los comensales ya tienen su espacio listo para disfrutar de una cena, y la zona para la gente que viene de paso, que es la inicial y en la que mayor número de gente se encuentra.

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Tapa Bula, la más famosa y probada por los consumidores.

Brindamos con una copa de tinto y comenzamos a pedir algunas de sus tapas, abundantes y sin duda interesantes. Comenzamos por un Bula, una tapa de solomillo que guarda toda la esencia del lugar. Carácter, tierra y gusto se quedan cortos para describir esta tapa. Sin duda, exquisita. Tampoco pudimos evitar elegir una cajita con todos los tipos de croquetas caseras que hacían, que eran de dimensiones considerables. Gula con gambas, borraja, ternasco y jamón fueron la selección que nos dispusimos a criticar. La primera fue sin duda una explosión de sabor gracias al gusto de las gambas. Por su parte, la croqueta de borraja era suave, delicada, y se deshacía en el paladar. Todavía estoy boquiabierta pensando en la sorpresa de saborear esa tapa. Las tapas de ternasco y jamón por su parte, estaban hechas como en casa, aunque no destacaron como las dos anteriores. También saboreamos una tapa de Foie, y nos recreamos en el sabor de una auténtica tapa casera.

Terminamos de degustar y llegamos a una conclusión inequívoca: merece la pena. Porque si se sale a comer, se come bien. Y Jorge sabe llevarme a sitios para dejarme enamorada de la cocina mediterránea. Nos quedamos con las ganas de seguir probando, pero esperamos volver pronto para terminar lo que empezamos. ¿Y tú, aún no has probado la esencia del Bula? 

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